Mis poemas en España

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viernes, 2 de febrero de 2018

Sobre la antología de cuento fantástico, "Los insomnios" (Editorial Navarra)


“Los insomnios” llegan al Palacio de Bellas Artes

Ulises Paniagua




Borges comentó que “el tiempo es el mejor antologista”. Así, reunir una colección de cuentos es cometer una imprudencia, atentar contra el orden de la naturaleza. Se trata de un atrevimiento irresistible, irreverente, y desde luego resbaladizo. Compilar es andar un sendero repleto de espinas. Ofrecer una antología implica exponerse a la crítica -no tanto sobre los autores incluidos como sobre la cantidad de nombres que no fueron considerados-.

            “Los insomnios. Antología de cuento fantástico” (Ediciones Navarra), que tuve la fortuna de compilar, posee de manera ineludible ese defecto, el de la omisión bien intencionada. Vienen a mi mente buenos cuentistas que no aparecen en estas páginas, algunos por desconocimiento; otros a los que no me fue posible contactar. Y, puedo jurarlo, mi ignorancia acerca de grandes autoras que practiquen tal género me conduce a no citar alguna en este momento. Sólo queda reconocer que “Los insomnios” gozó, desde su gestación, de las mejores intenciones. No es una disculpa. Repito, antologar es arduo.

            Esta reunión de relatos breves se rigió bajo una premisa, la calidad de los textos. Lo que quise hacer fue integrar cuentos de nombres consolidados de la literatura mexicana junto a otros que comienzan su trayectoria entre las letras. La diferencia “de peso” entre los invitados no evita, sin embargo, que el libro sea uniforme, que se persiga de manera ágil y, si se me permite decirlo, que se disfrute con amplitud. Ello se debe a que la selección no tuvo concesiones; veintiún cuentos de espléndida manufactura constituyen un muestrario que consiguió ya una presentación en la Sala Adamo Boari del Palacio de Bellas Artes, el 31 de mayo del 2017.

            En el camino, “Los insomnios” alcanzó (por desventura) tintes épicos. Me explico. El libro es un testimonio afectuoso, un objeto in memoriam de dos queridos amigos, generosos maestros, leyendas del panorama literario en México. Me refiero a René Avilés Fabila, y a Guillermo Samperio, quienes nos abandonaron en el 2016. Es un privilegio para los co-autores que la antología incluya dos relatos de sus plumas. Se trata de un privilegio ambiguo, uno de esos huecos en el corazón que deja una pérdida, y que el mejor de los libros no puede llenar. Ojalá que René y Guillermo descansen en un cielo plácido, o gocen con entusiasmo de un benévolo infierno, lleno de fiesta y música de los 60s y 70s que tanto disfrutaron.

            Otros autores y autoras contribuyen a la floración de estas páginas fantásticas. ¿Qué decir de “Álbum”, uno de los mejores textos del maestro Alberto Chimal, que cierra esta colección?; ¿qué decir de las perturbadoras historias de Ricardo Bernal y Mauricio Montiel Figueiras, dos grandes figuras de la actualidad artística en México, que incluyen una hija, un dinosaurio y una muñeca espeluznante?

Si esta muestra de talento no alcanza a convencer a los lectores, debemos recurrir a trayectorias y relatos de quienes no tienen que demostrar su presencia en las letras, porque son ya realidades consolidadas. Aquí menciono a Roger Vilar, escritor cubano radicado en México, con su historia que aborda el acercamiento de un predador a una dócil presa; y al también columnista, crítico y poeta, Luis Bugarini, quien causará asombro a través del espejo de su relato.

Por último, pero no al último, como dicta la referencia anglosajona, cuentos de escritores nóveles y no tan nóveles redondean la obra: Rodrigo de Sahagún (secretario del maestro Samperio, que nos presenta particulares fantasmas provincianos); Paúl Peñaherrera (autor ecuatoriano que imparte cátedra en la Universidad de Tennessee, quien refiere el desdoblamiento de una personalidad angustiada); Bernardo Navarro, autor ya de una novela a su corta edad, llena de misterio como el relato que incluye en “Los insomnios”; Roberto Cárdenas, columnista y gestor cultural, quien nos conmueve a través de “sus ausencias”; Felipe Cabello, también gestor cultural, con su buena vibra “rupestre” y “medio pacheca”, y Omar Vázquez, hacedor de terrores nocturnos a través de su texto (éstos tres últimos autores pertenecen a la avanzada queretana).

            Aquí cabe cuestionarse la presencia de las mujeres ¿Será acaso que este tal Ulises Paniagua, vilipendiado por rumores absurdos, se ha atrevido a excluir la presencia femenina? Desde luego que no. Las mujeres forman parte, gozosa y orgullosamente, de esta antología. La manufactura de sus textos viaja de lo excelente a lo magistral. Debo reconocer que el cuento de la norteamericana Heidi Julavits me parece insuperable, es de mis favoritos. ¿Y qué se puede agregar de una boca nacida de un sueño o una pesadilla, perfectamente dibujada por Cecilia Eudave, multipremiada académica jalisciense, que tenemos el placer de publicar? ¿Y podemos siquiera opinar acerca de Sandra Becerril, notable autora en Alfaguara, quien ha sido incluida, como guionista y autora, en antologías cinematográficas y literarias de terror, convocadas por personajes como el propio Mick Garris? Por otra parte, el cuento casi “carveriano” que incluye un animal imposible, de Sidharta Ochoa (gran editora y académica),  y la rareza existencial de Alejandra Hoyos (quien ganó de manera reciente un concurso literario en Querétaro), son irresistibles  en cada línea. También puedo garantizar que la casa que Edith Rodríguez muestra entre páginas, es especial y no nos decepcionará. Los cuervos y los amantes nacidos de la pluma de Elisa Hernández, por su parte, podrían dejar boquiabierto a quien se atreva a seguir sus letras.

            Autoras y autores. Lo fantástico, lo imposible, lo aterrador. Letras y sangre. Lo maravilloso. Como un brebaje listo para el conjuro, los convocados muestran sus quimeras, sus angustias, sus patologías, a través de relatos que caen dentro del empastado como ingredientes de una pócima. La imaginación aquí es la brújula, el laberinto; la horca y la solución al enigma; la luz de una dimensión alterna,  y la oscuridad de los malditos.

Sólo me resta agradecer a las compañeras, a los compañeros, por dejarme ser parte de este emocionante viaje editorial. Y reconocer en la futura lectora, en el posible lector, la mejor crítica que nos hará sobrevivir, como autores, al paso de los años; o que conseguirá nos ignoren para siempre. Bajo esta apuesta, a la sombra de la incertidumbre, vengan entonces “Los insomnios”, con su magia, a trastocar la cotidianidad que nos envuelve.

Una nota cósmica de Ulises Paniagua


Nota cósmica
Ulises Paniagua




Notimex, Marzo, 2038



Durante las últimas semanas hemos informado el avistamiento de OVNIS[1]. La televisión y las redes sociales comparten a diario los arribos de tales artefactos a diversos puntos de la ciudad. A pesar de una polución alarmante y de una gentrificación de miedo, se ha visto descender a los OVNIS en helipuertos de edificios gubernamentales, en plazas públicas, en alguna que otra azotea.

            Si en un inicio la gente se mostró aterrada ante la aparición de seres oscuros y viscosos (quienes poseen tres corazones y cuatro pulmones), se ha habituado ya a los gestos pacifistas de los visitantes cósmicos. “El problema no son los extraterrestres, sino los representantes de la ciudad”, declaran los capitalinos que se han dado a la tarea de establecer diálogos intensos, a través de un lenguaje de señas, con los seres espaciales. 

            Y es que el gobierno de la ciudad promulgó una ley donde, por cada aterrizaje, se gravará un alto porcentaje de impuestos tanto al propietario de la nave espacial como al dueño del terreno o casa donde el vehículo aterrice. Por otra parte, se ha anunciado la implementación de inmovilizadores, comúnmente llamados “arañas”, para los OVNIS aparcados en calles o plazas concurridas del Centro Histórico.

Fuentes cercanas a nuestros amigos espaciales revelan su intención de huir pronto. Hartos de la corrupción, el cohecho, “la transa” y la imposición, los extraterrestres desisten del contacto humano. No nos asombremos si los aterrizajes espaciales se vuelven menos frecuentes. Ustedes disculpen, visitantes de otro mundo, ocurre que este país es una vergüenza.




[1] (Objetos Voladores No Identificados, para los no entendidos)

Ring literario, de Ulises Paniagua


Ring literario

Ulises Paniagua


Noches, madrugadas, amaneceres escribiendo. Cientos, miles de libros leídos, la visita de la incertidumbre, golpes de críticos malintencionados, un recurrente alejarse del mundo. Desdoblamiento de personalidad, neurosis, feria de frustraciones, contadas alegrías, fracasos silenciosos, la insoportable paranoia; más golpes bajos de editores, ex amigos, malos autores. Arduo sacrificio para conseguir algunas "páginas válidas", como diría Borges, que no sabemos, siquiera, si formarán parte de una literatura respetable al paso de los años.     

Del libro: "Las tuercas en mi cabeza"

domingo, 18 de diciembre de 2016

Manifiesto del errabundo, poema de Ulises Paniagua

Manifiesto del errabundo
Ulises Paniagua 






Yo, Ulises Paniagua
príncipe de las tempestades internas
perpetuo errabundo de mí
doy fe de que la vida
como una fuente de sensaciones y conocimiento
me ha sido concedida.

Que mi mente y mi cuerpo
-cual espacios sagrados-
aún campean florecientes
en la sinrazón del mundo.

He levantado catedrales a la memoria
erigido monumentos sentimentales
Me he desvanecido
fui río, gotera, tsunami de tropiezos

En la fecha
en que estas palabras escribo
doy testimonio
de que no morí a los veintisiete –fatídicios-
ni a los duros treinta y tres
(número cabalístico)

Confieso: la vida es hermosa
(sin metáforas ni dobles discursos)
Doy fe del asombro y el gozo
ante los días concedidos.








Copyright: del autor, Diciembre, 2016.

jueves, 27 de octubre de 2016

Vámonos poniendo fúnebres, poemas dedicados a la muerte, de Ulises Paniagua


Vámonos poniendo fúnebres
Breves Poemas al cobijo de la festejada.


  

                                                           “Sólo vinimos a dormir, sólo vinimos a soñar;

no es verdad, no es verdad

 que vinimos a vivir en la tierra…”


Anònimo mexica.


I

Que ninguno se salva de tus labios,  
bien lo sabes,
que nadie del otero se refugia,
suicida Santa.
Que  el gusano teje olvido carne a carne,
hueso a hueso,
al amparo de los cánceres y el sida.

Que no se rechaza invitación al aposento,
al festín de tierra  entre los dientes,
a la celebración del polvo y de la mosca
bien lo sabes, perversa,
terroncito de azúcar;
bien lo dicta tu desdén, tu empeño.

Dime entonces, sin fingimiento:
¿ tu expiación, cuándo se llega?
¿ cuándo tu lápida se yergue?

Nada para siempre queda, hermana,
ni tu ni nada para siempre.


II


¿Para qué tanto escándalo de horas,
tanto cuesta arriba y cuesta abajo,
tanta verbena de mercado
y tanto  andar nervioso de una hormiga?

Para qué tantos besos
de Judas y Caìnes, y este seguir hollando mundo;
la deslealtad del hombre caza-hombres,
¿para qué entonces el llanto de la ciencia?

Al final, lejos, muy después del camino
sólo dos misterios nos esperan.
Y ellos no entienden de retórica.
Ellos no comen de pretextos.



III

¿Y tú, por qué no te mueres?
¿Por qué no carcome tu hueso flaco
la mansedumbre apacible de un abeto?
¿Por qué no te ocultas,
te desprendes, te arrebatas?

¿Nunca cesas?
¿No conoces de finales de jornada y
agonías de milenio?
¿Nunca has sentido los pies llagados
en las fatigosas marchas sobre el mundo?
¿No sientes escozor en las venas
con la sangre alimentando, macabra,
el subsuelo?
¿No te espantan las bombas?
¿No aborreces el asesinato por la espalda
o el infanticidio?
¿No sufres los terribles legados de la guerra?
¿Nunca lloras?

¿Quién te crees? ¿Qué esperas?
¿Por qué no te mueres de una vez,
y resguardas, en sigilo,
el rastro negro, solitario,
de esta especie ingrata y asesina?
  

IV

-Asistí a una comedia
que versaba sobre un Mesías
resurrecto y triunfante-

Nada más absurdo que el ascenso
del Houdini entre hipérboles de  potestades.

Lejos del sueño,
hacía parecer tu cuerpo una luna sin brillo.

Como si la muerte fuera romántica,
como si enterrar a tu madre o a tu hijo
causara risa,
como si los cuerpos chamuscados tuvieran descanso,
como si de verdad, en serio,
creyéramos en algo.
Como si fuéramos niños pidiendo calavera
en un placentero inframundo…

Asistí ayer a una buena comedia:
me causo espanto.


V     BALADA  DEL RÌO

Me siento torpe al ofrecer
el cuerpo a ojos ajenos, así, tan descompuesto;
culpable por mostrar a cielo abierto
una dentadura imprecisa y los huesos largos.

Me siento torpe por volverme tierra,
lombriz de tierra,
agonía de tierra; cerca del pie vecino,
memoria de río.

Da vergüenza cómo me camina tanto sol
entre los ojos,
por sobre la mochila enrarecida de desierto,
en la cartera despojada de biznagas
y la mezclilla atajada de escorpiones.

Da pena la línea inútil tan cerca de mi,
y la sangre palpitando, dolorida,
allá tan lejos,
donde no habrá más
de mis pasos en el eco de la milpa.

Sólo esta lumbre que incendia
los olvidos más furiosos,
las lágrimas sin destino.

No puedo evitarlo, hoy me siento triste,
estùpido y lejano,
por haberme muerto.


VI

Cuando alguien muere,
consumimos los pabilos para avivar el fuego de la ausencia;
suplantamos su sombra sobre el pavimento;
gastamos cartuchos en busca de perdones y excusas;
trocamos viejos rencores en felices momentos.
Nos creemos santos, y hasta
hacemos verbena de buenos principios frente a todos.

Pero a solas, en el silencio estático de nuestros adentros,
sabiendo lo que sólo nosotros sabemos,
nos da por llorar:
lloramos.

Cuando alguien muere,
sencillamente lloramos.


VII

Me nublo,
de mi va quedando
apenas un rastro sin dueño.
En el cielo asoma
la confusa presencia
del enigma y su llave.

Torbellinos de tierra se vuelcan
sobre uñas y mis parcos labios,
el mundo no existe más allá de mi puño crispado;
en el aire flotan las preguntas sin respuesta;
en el aire se respira misterio.

Más allá no hay nada.
Quizás frío, quizás ánima,
Quizás la incertidumbre
que nos agobia desde el primer parto.


VIII

Ampáranos, mal sueño,
de terminar descarnados en una fosa,
de alimentar susurros de anonimato y silencio,
de  convertirnos en un asalto de taxi mal pagado
o juguete de adolescente violento.

Protégenos de calles de afilados cuchillos
y entrañas de metal mestizo;
de la furia de cada día,
de una rabieta de hambre o abandono.

Líbranos de las esquinas impredecibles,
de los recovecos oscuros,
de los pasos que persiguen nuestros pasos,
de la espantosa hidra del miedo.



IX

Vayamos todos a la  Muerte, de buen modo. Los caducos anarquistas, el miasma del catolicismo; los revólveres sin pólvora, los sedientos de sueño, las bellas, los ridículos,  los feos. Este animal absurdo como un cerbero, que juega con el corazón del pueblo.

Doblemos la esquina y alarguemos la zancada. Vayamos todos a la Muerte, derechito y sin escalas. Y que se derrumbe el mundo, si es preciso, antes del alba, que se desgarre el cielo en su profunda negrura. Que nada quede en pie, hermanos lobos.

Vayamos, juntos, doloridos, a la Muerte y de buen modo.
  

X

Sólo vinimos a soñar
que no dormimos,
que somos accidentes de tiempo;
acaso una perezosa telaraña
enredada en el determinismo;
como raíces de rudo ciprés  bien plantado,
como ángeles, como niños.

Sólo vinimos a fingir que algo nos pasa,
así,
de vez en cuando, en silencio o con regocijo;
que alguna vez una sombra fugaz
nos iluminó el rostro en invierno;
y que en ese instante, al cobijo del destello,
en una calle sin ruido,
verdaderamente nos pensamos vivos.


XI

Nada a tu paso queda, hermana,
nada a tu paso;
desde el microbio hasta la orca
nada dejas sobre el mundo;
ni las piras quevedianas,
ni las bibliotecas imposibles,
ni el destino, ni el fusil,
ni un zapato.
Todo por morir termina,
a tu paso toda senda arrollas,
tren nocturno.

De nosotros nada sobrevive,
todo por morir acaba;
ni la flor, ni el canto,
ni la mentira que atraviesa un puño de agua;
nadie queda,
nadie,
lo que vemos la chingada se lo carga la chingada.
Nada para siempre, hermana,
ni tú ni nadie para siempre.
Es apenas un arrebato de sueño,
una tímida señal, un gesto,
es apenas la ilusión de ser materia de aire
en la impaciencia del camino,
o la esperanza de
pertenecer a un llanto,
a una cruz, a un guijarro.

Nada para siempre queda.
Ni tú ni nada para siempre.




Fin de Vàmonos poniendo fúnebres. 


Del libro "Del amor y otras miserias" (2009)







jueves, 28 de julio de 2016

Duendes, un cuento de Ulises Paniagua.

Duendes
Ulises Paniagua




Mis libros andan por el mundo. Me topo con ellos en una feria literaria, en el librero de un amigo. Hay más de uno del que no guardaba memoria, del que no recordaba despiadados esfuerzos de gestación artística. A menudo me preguntan si los amo, se dejan acariciar la cuarta de forros, el prólogo, la contraportada, las páginas tersas. Respondo, contagiado de entusiasmo, que los amo, que a ratos los extraño de manera rabiosa. Nos regocijamos en el encuentro. Luego viene la despedida. No hay espacio para la nostalgia. Sabemos que en el lugar menos adecuado, una repisa, una mesa de café, en el andén del metro, volveremos a reconocernos. Seremos dichosos, aunque nuestra alegría sea breve. 



Del libro: Las tuercas en mi cabeza.

jueves, 14 de julio de 2016

La ansiedad, los otros, mi cabeza (Un poema de Ulises Paniagua)

La ansiedad, los otros, mi cabeza

Imagen cortesía de Salvador Castañeda (INBA)

(La persiana rota (La ansiedad del sillón (La yerba (Las pastillas que no desayuné (Joyce (Blake (Ginsberg (La mala armonía (El resentimiento (Kafka (Canetti (Cervantes en vuelo (Las traiciones de los que restallan lágrimas (Misloz (Huidobro (Di Giorgio (Mis placas dentales (La envidia que respira fuera (La melodía a solas (Lo muy agrio (Sexton (Plath (Eunice (Espectros de antiguas novias (Sonrisas grises (Esta jaula podrida de mi esqueleto (La tristeza entre perfumes ciegos (El dolor que no cesa (Caer desde el silencio (Los disparos desde el vientre de mi madre (Los Libros (El vino como profeta (La muerte que no abordé (Lo que sueño a través del tacto (Lo que soy (Lo que he sido (La bruma de mi corazón cuesta arriba (Cuántos instantes de soledad y muchedumbre (Cuánto tiempo para odiar (Para beber mis despojos con ojos de rabia

A pesar de todos
                            y de mí mismo.